Reseña del 13 de Octubre de 2001
Herbert Hildebrandt
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Plata, perlas y rubíes – en aniversarios la interactividad es buena. El contacto humano es mejor. ¿Veinticinco años (Club de Campo Las Salinas, 1986), treinta años (Ferienheim Limache, 1990) ó cuarenta años (Ferienheim, 2001)?... Podría ser un título. ¿Vosotras, nosotros y nuestros comunes recuerdos? ...Podría serlo también. Todo esto y mucho más celebramos este primaveral día sábado 13 de octubre de 2001 en el Ferienheim de Limache. Desde Iquique y Punta Arenas en los extremos, desde la ‘quinta costa’ Valparaíso, Viña, Reñaca, Quilpué y San Pedro, y desde el Santiago central confluimos, de cuerpo presente, allegados incluidos, compañeras y compañeros de la promoción 1960 DSV al Ferienheim en Limache. También lo hizo desde Estados Unidos Viktor Wilhelmy en forma virtual vía celular, desde Curacao llegaron los saludos de Alfred Verhaaf, desde Alemania los de Erika Hoffmeister e Ingolf Günther por recados de transmisión verbal; y no faltaron los ‘saludos de Alzheimer’, quien se olvidó estar ... Fuimos alrededor de medio centenar: dieciocho ‘licenciados’ del curso final, dieciséis compañeros del recorrido escolar, junto a un delta de ‘allegados’. Nombrados los ausentes en el párrafo anterior, corresponde agradecer a los organizadores: Patricia Orrego y Claudio Fadda, por su tiempo y dedicación, y también por la iniciativa a Federico Cortés y Pedro Meiss. Los muchos presentes aparecemos nombrados en los testimonios fotográficos, pero hubo un destacado, un premiado: Tomás Toro-Moreno, autor de nuestra página web, quien recibió meritorio diploma de honor. Honramos también con un momento de silencio, con respeto y recogimiento, a aquellos compañeros que se nos adelantaron: Mauricio Silva, Walter Zeller, Gisela Kaiser, Meche Bahamondez, Mónica Braun y Rainer Kligge. Profesores asimismo no faltaron: Lila Guzmán (viuda de Dr. Müller), Sergio Flores (de Wobbe) y los saludos, desde Suecia, de Carlos Foresti. Limache, calle Caupolicán, Ferienheim DSV. Al inicio, al llegar, los primeros saludos, presentaciones y conversaciones se originan ya en el área de estacionamientos, a la sombra de inmensos árboles añosos, testigos que nos observaban cuando íbamos como alumnos en la década del cincuenta. Saludos, abrazos, sonrisas, recuerdos, tallas y risas, felicidad compartida en toda su expresión. El bello parque con sus extensas alfombras de césped nos recibía. Fuimos llegando poco a poco y desde lejos avizorábamos a quienes venían. Tal y cual, ella, el. Más saludos, reencuentros y todo tipo de ‘re-conocimientos’: espontáneos, emocionados, silenciosos, dubitativos, ruidosos, hasta gritados, o estudiados con antelación (fotografías mediante), seguros, cavilantes, pero todos de corazón, todos acogedores, todos con el cariño y la amistad de siempre que se da cuando hay raíces comunes. Entre cóctel y empanaditas, bebidas on the rock, piso sour y vainitas conversamos, recordamos, platicamos y reímos. Supimos de alegrías y felicidades, de éxitos, de nuestros compañeros, amigos e incluso de sus familias, de sus hijos - pero también de penas, como es la vida, y de alguna enfermedad. Deseamos de todo corazón que te mejores, te recuperes y no olvides que a pesar del dolor perteneces a este grupo que te quiere, que no estás sola, que debes comunicarte con El y con nosotros, que no sirve aislarse, que en la próxima reunión, sin duda, debes integrarte. Después del cóctel, la fotografía oficial. Sentadas ellas, de pié los grandes y tal como antes, los chicos, abajo y adelante. Oficialmente fotografiados el apetito a la mesa nos llamó: asado con ensaladas, las entradas sólo para el pescado, éste con vino blanco y el tinto para el asado. Muy buenos los manjares, pero aún mejores los recuerdos, las tallas y a estas alturas, también, una que otra ‘peladita’ cariñosa, inofensiva. Más fotografías durante el tiempo del almuerzo. El postre para endulzar, torta y café para finalizar. Buena la calidad, la atención y el servicio. Entretenida la mesa, las compañeras buenas mozas y los compañeros todos viejos. En la tarde el sol se escondió, una brisa fresca lo reemplazó. Otras fotografías prosiguieron y en ellas los orígenes se establecieron: los de Quilpué en una, en otra los Viñamarinos, los Porteños originales se agruparon, los propiamente tales, los del Cerro Alegre luego se separaron y finalmente los de Villa Alemana, quienes también se fotografiaron. A continuación nos acomodamos en escaños, cerramos un gran círculo y charlamos. Nos abrimos, contamos de nosotros, de los nuestros: algunos bien efusivos, otros muy recatados, talleros, profundos y también emocionados. Supimos de matrimonios exitosos, de felicidades y de otros con dificultades, con infelicidades. Sin embargo nuevos encuentros, nuevos caminos les ayudaron a encontrar lo tan ansiado: amor, felicidad y paz. Entre tantos altos y bajos descubrimos algunos récord que debemos registrar. El más tiempo casado: cuarenta años felices, con hijos y con nietos. Otros, con aniversarios importantes de casados: treinta y cinco, treinta o veinticinco años, varios, felices, con hijos e hijos de sus hijos. También dificultades, penas y amarguras. Reencuentros y felicidades. Reconocimientos a parejas por su apoyo. El con más matrimonios: cuatro a su haber, hijos de él nueve, hijos de ella siete, común uno, total diecisiete. Todos los compañeros en actividades muy variadas: profesionales, consultores, profesores y traductores, empresarios, comerciantes y asesores, dueñas de casa, rentistas, jubilados y contratistas. Multifacético es el abanico disciplinario. Reconocimientos personales, emocionados y profundos también los hubo: se habló de las raíces, de las identidades, de nuestros comunes valores, de las bases sobre las que nos apoyamos, las que nos dieron nuestros padres y nuestros profesores. Las palabras finales del ‘profe de historia’ nos sorprendieron: cuando era nuestro profesor, 26 años sólo tenía el ‘viejo’. Al atardecer, luego de una once en la sala de comer, con más conversación aún y sabrosas exquisiteces, llegó la hora de la despedida, el momento de volver. Durante el regreso más recuerdos, más raíces y más relatos. La alegría de vivir, la felicidad de formar parte de este grupo y el compromiso de cuidarlo y mantenerlo quedaron como sentimientos predominantes. Página web mediante la interactividad nos acercó, pero es el contacto humano quien felices nos unió. Gracias a cada uno y a todos, gracias a Dios. Herbert Hildebrandt |