ERNA ENRIQUETA HILDEBRANDT KLAPP

* 24.11.1928 + 20.02.2005

 

Hermana del alma, hermana querida, querida Ernita:

Nos has convocado a esta Iglesia, la misma en la cual te bautizaron nuestros padres, te confirmaste cuando joven y contrajiste matrimonio el año 1952. Iglesia de la cual nuestro abuelo, Otto Hildebrandt, fue cofundador hace muchos, muchos años.

Ahora sólo nos queda despedirnos, cuando tu espíritu y tu alma, qué duda cabe, ya están en el cielo.

Tiempo atrás leía en un libro que el pasado es historia, el futuro es un misterio y el presente, como su nombre lo indica, es un regalo. Para nosotros es un regalo la presencia de todos Uds. aquí, como también lo es la compañía de nuestro querido hermano Ricardo, quien viajó especialmente desde Alemania para estar con su hermana en sus últimas semanas. Muchas gracias a Uds. por acompañarnos en nuestro duelo.

Despedimos hoy a nuestra querida hermana mayor, Ernita. Agradecidos estamos de Dios y de nuestros queridos padres por haberla tenido como hermana, lo que sin duda representó para nosotros un privilegio muy especial.

Erna Enriqueta Hildebrandt Klapp fue la hija primogénita de Federico Hildebrandt Lobeck e Hilda Klapp Wenzel. Nació el 24 de noviembre de 1928 en Recreo, Viña del Mar, trasladándose luego con nuestros padres en la década del 30 a Santiago y posteriormente, en los años 40, nuevamente a Viña del Mar.

Estudió en el Colegio Alemán de Santiago, en el Colegio Alemán de Valparaíso y en el Liceo de Niñas de Viña del Mar. Fue una alumna destacada, buena deportista, bella y hermosa. Esto último la llevó a coronarse Reina del Deporte en Viña del Mar.

Pero su belleza no fue sólo física. En su vida nos habría de demostrar, a familiares y amigos, una gran y aún mayor belleza del alma.

Nuestra querida hermana tuvo también ciertos rasgos de pionera. Luego del colegio y del bachillerato, cursó sus estudios superiores en la Universidad Técnica Federico Santa María, donde se recibió de Decoradora de Interiores. Esto puede parecer normal hoy en día, sin embargo en los años 40/50, recibirse de profesional, siendo mujer, era algo especial que me permito destacar.

Ernita se casó en 1952 con Herbert Kallina, con quien tuvo su hija mayor, Tatjana y en esa línea sus nietos Cristián y Rodrigo. En segundas nupcias se casó con Jorge Riveros, con quien tuvo su hija menor, Alejandra.

Recuerdo aún a mi hermana Ernita bajando la escala de nuestra casa paterna en 5 Oriente 274, vestida de novia, camino a la iglesia el día de su matrimonio, Recuerdo también su primera casa en calle San Luis, El Retiro, Quilpué: casa con jardines y piscina, donde nos bañábamos en verano.

Tuve yo en lo personal el inmenso privilegio, siendo el menor de los hermanos, de tener a Ernita como hermana mayor. Dada nuestra diferencia de edad fue para mí una hermana muy importante, añadida cierta componente de ‘mamá’. Recuerdo cuando ella iba a la universidad y me pasaba a dejar al colegio, me enseñaba matemáticas o me ayudaba en las tareas.

En este momento doloroso deseo repetir lo que gracias a Dios le pude decir personalmente a ella en diciembre, cuando le agradecí la oportunidad que nos dio de quererla, de quererla mucho.

Ernita fue una persona cuya hermosura del alma la llevó a estar con nuestros padres cuando lo necesitaron, sin que tuvieran que pedírselo, estando con ellos hasta su último momento, siempre, durante su vejez, su enfermedad y hasta su último suspiro terrenal.

Su hermosura del alma hizo que ayudase a sus hermanos, a todos y a cada uno, en su enfermedad, en su ausencia, en sus estudios, en su formación, en el tiempo libre y en el trabajo.

Su hermosura es del alma porque ayudó a sus sobrinos, reemplazó a sus padres en su niñez y juventud, asumió roles y compromisos que fueron mucho más allá de sus obligaciones, desinteresadamente.

Su hermosura es del alma porque formó y se preocupó de sus hijas, asumiendo roles de madre y también de padre, cuando fue necesario hacerlo.

Su hermosura es del alma porque se preocupó de Jorge, su marido, en su enfermedad y vejez, hasta que la muerte los separó.

Su hermosura es del alma porque ayudó a sus nietos en su niñez y juventud. Por eso su hermosura es tan grande, tan del alma, porque fue cristalina, transparente y bondadosa.

Hizo lo que predicaba el Padre Hurtado, en el sentido de ‘dar hasta que duela’. Ella fue capaz de dar todo y mucho más por los suyos y los demás. Por eso, su hermosura es del alma.

Ernita trabajó su vida entera para vivir, sobrevivir a veces y para ayudar a los demás. Laboriosa, siempre de buen genio, siempre de buen humor. Una persona positiva, en busca de lo mejor para ella y quienes la rodeaban. Trabajó hasta los 76 años de edad y el pasado 1 de diciembre, cuando ocurrió el accidente vascular, aquel ‘aviso’ que le indicaba que no debía continuar trabajando, le sucedió precisamente en su propio lugar de trabajo, aquel que ella se construyó en el campo.

El futuro es un misterio. ¿Cómo será nuestra vida sin ella? No lo sabemos. ¿Será algo más vacía? ¿Será sin sus tortas, sin sus dulces, sin Weihnachtsgebäck?, herencia de nuestra querida mamá que ella supo hacer perdurar hasta el presente.

Pero si aplicamos lo que nos mostró en vida, lo que nos enseñó, su desprendimiento y buen humor, podremos vivir mejor.

Ella querrá que sea sin pena y que la recordemos como era: emprendedora, positiva, dadivosa, cariñosa y simpática.

¡Querida Ernita, descansa en paz!

Heriberto Hildebrandt Klapp / 22.02.2005

 

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